Los secretos de cultivar la paciencia, virtud poco valorada hoy
Es una capacidad
que se puede adquirir incluso como rasgo de la personalidad. Lo que esconde es
el impulso para que aflore la sabiduría, según afirma el psicólogo Rodrigo de
la Hoz.
“Tienes que ser paciente en la vida”, es el consejo de la abuela que le
da a su nieto inquieto que lo quiero todo ¡ya!.
Sus palabras hablan también de tolerancia, respeto, estabilidad y equilibrio.
Sin embargo, la paciencia es una virtud muy poco valorizada en la sociedad
actual, donde ha sido destronada por la velocidad y la instantaneidad de
acción.
Es que al parecer, el ser calmo y reflexivo se asocia malamente a ineficiencia,
falta de compromiso y hasta carencia de valor.
Suena a un descalabro, pero la modernidad ha hecho que el perseverar sin
importar la fatiga estén fuera de contexto. Más aun si nadie te enseña a
serlo.
“Se nos presiona para correr, se nos enseña a ser el primero, ganarle al de al
lado. Entonces, si te tomas las cosas con paciencia no sirves y serás dejado
fuera porque hoy la paciencia y la eficiencia se ven como contradictorias”,
afirma el psicólogo Rodrigo de la Hoz, del Centro
de Atención Psicológica Reverie.
Dice que ser paciente no significa ser lento, ni tampoco ineficiente, si no que
se trata de dedicarle toda la atención a lo que estás haciendo y todas las
energías, logrando así entregar lo mejor en cada actividad.
De ahí, que hoy en día resulte esquivo cultivar la paciencia como una virtud a
trabajar y desarrollar.
Qué es y no es
“La paciencia es aquella capacidad del ser humano para mantener la calma y
tranquilidad frente a situaciones adversas”, declara el psicólogo. Esta
postura, dice, también está relacionada con la tolerancia, estabilidad,
equilibrio, pero sobre todo con no dejarse llevar por los deseos más
inmediatos.
Comenta que cuando la paciencia permanece en forma estable frente al devenir de
la vida, se puede afirmar que es una característica de la personalidad aunque
también puede entenderse como una actitud frente a determinadas
situaciones.
Ahora eso sí, habrá que tener cuidado en no por ser paciente tender a la
frustración. “La paciencia es un rasgo permanente que se puede ir potenciando
junto con la madurez, en cambio la frustración es algo más pasajero y que
genera una respuesta emocional producto del incumplimiento de las expectativas,
objetivos y deseos”, diferencia.
Es que claro, ejemplifica Rodrigo de la Hoz, se produce frustración por
no ganar el partido después de haberse preparado tanto, porque nuestra
pareja no dijo o hizo lo que esperábamos o por no encontrar el sabor del helado
que tanto nos gusta. Todas son situaciones que de paso, pueden desencadenar
emociones negativas como ira o tristeza.
Aprender a ser sabio
“La paciencia podría ser considerada como terreno fértil para desarrollar la
sabiduría”, sostiene el psicólogo. Debe ser cierto, porque no se ha visto a
ningún sabio impaciente, enojado ni frustrado porque las cosas no le resultan. ¿O,
sí?
Las claves se pueden desentrañar al analizar cómo actúan los reyes de la
paciencia que conoces tales como el Dalai Lama. Ellos y ellas se dan tiempo
para abordar la vida de distintas perspectivas y pareciera, que de esa forma,
observan los sucesos con mayor entendimiento y sus conclusiones son
evidentemente tomadas con conocimiento y sensatez.
¿En qué situaciones es bueno aplicarla?
En todas, anima de la Hoz con estudios en la Universidad Católica y la
Universidad de Heidelberg, porque al enfrentar con paciencia cualquier momento
se lleva consigo una sensación de bienestar, de tranquilidad, de satisfacción,
de estar actuando en equilibrio y comunión con los demás y con uno mismo. Es
más, consigna que es recomendable actuar con paciencia cada vez que las
condiciones lo permitan.
¿Cuándo decidir no tener paciencia?
Depende, porque hay veces que serlo puede traer consecuencias adversas. El
especialista, aconseja dejarla de lado cuando sentimos que el actuar con
paciencia empieza a producir un daño, sufrimiento o incluso, cuando interfiere
en el desarrollo habitual de las actividades.
“Esa es quizás una señal que ya nos advierte hasta donde llegar y en pensar
donde poner ciertos límites. Se debe tratar de buscar un punto de equilibrio
entre el actuar con paciencia, tolerancia y sabiduría versus no sentirse
desprotegido, amenazado o poniendo en juego nuestra integridad”, anota.
De todas maneras, la recomendación es a detenerse de vez en cuando y observar
qué sucede con nuestra paciencia y darnos cuenta hasta dónde queremos llegar.
Al hacerlo, se puede “mantener un estado de mayor tranquilidad y equilibrio,
disminuyendo a su vez síntomas de ansiedad, angustia, sufrimiento y estrés”.
Pero, además, sintetiza Rodrigo de la Hoz, permite desarrollarnos internamente
a través de una mayor comprensión y entendimiento de nosotros mismos,
aportándonos sabiduría.
El gran secreto de la paciencia es, por lo tanto, que ayudará a establecer
relaciones interpersonales más saludables, aceptar a los demás tal y como son,
y comprender que las cosas no dependen solo de uno.

