Manifiesto del flaco Spinetta
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El manifiesto escrito por
Spinetta fue entregado a cada asistente al lanzamiento del disco Artaud en el
teatro Astral en 1973, considerado por muchos –y así se reflejó en diversas
elecciones- como el mejor álbum de la historia del rock argentino.
ROCK:MÚSICA
DURA.LA SUICIDADA POR LA SOCIEDAD
Son
tantos los matices que comprenden la actitud creativa de la música local –
entendiendo que en esa actitud existe un compromiso con el momento cósmico
humano– ,son tantos los pasos que sucesivamente deforman los proyectos, incluso
los más elementales como ser mostrar una música, reunir mentes libres en un
recital, producir en suma algún sonido entre la maraña complaciente y sobremuda
que:
EL QUE
RECIBE DEBE COMPRENDER DEFINITIVAMENTE QUE LOS PROYECTOS EN MATERIA DE ROCK
ARGENTINO NACEN DE UN INSTINTO.
Por lo
tanto: el Rock no le concierne a ciertas músicas que aparentemente INTUIDAS POR
LAS NATURALEZAS DE QUIENES LAS EJECUTAN siguen guardando una actitud
paternalista, tradicional en el sentido enfermo de la tradición, formulista,
mitómana, y en la última floración de esta contaminación, sencillamente
“facha”.
Sólo en
la muerte muere el instinto.
Por lo
tanto, si éste se mantiene invariable, adjunto a la condición humana a la que
necesitamos modificar para reiluminarnos masivamente, quiere decir que tal
instinto es la vida.
El Rock
no es solamente una forma determinada de ritmo o melodía.
Es el impulso
natural de dilucidar a través de una liberación total los conocimientos
profundos a los cuales, dada la represión, el hombre cualquiera no tiene
acceso.
El Rock
muere sólo para aquellos que intentaron siempre reemplazar ese instinto por
expresiones de lo superficial, por lo tanto lo que proviene de ellos sigue
manteniendo represiones, con lo cual sólo estimulan “EL CAMBIO” exterior y
contrarrevolucionario.
Y no hay
cambio posible entre opciones que taponan la opción de la liberación interior.
El Rock
no ha muerto.
En todo
caso, cierta estereotipación en los gustos de los músicos debería liberarse y
alcanzar otra luz. El instinto muere en la muerte, repito. El Rock es el
instinto de vivir y en ese descaro y en ese compromiso. Si se habla de muerte se
habla de muerte, si se habla de vivir, VIDA.
Más vale
que los rockeros, cualesquiera sean sus tendencias (entre las cuales dentro de
lo que se entiende por instinto de Rock no hay mayores contradicciones) jamás
se topen con los personajes hijos de puta demonios colaterales del gran
estupefaciente de la represión que pretende conducirnos por el camino de la
profesionalidad.
Porque
en esa profesionalidad se establece –y aquí entran a tallar todas las infinitas
contusiones por las que se debe pasar hasta llegar a dar un juego que
contradice a la liberación, que pudre el instinto, que modifica como un cáncer
incontenible la piel original de la idea creada hasta hacerla, en algunos
casos, pasar a través de un tamiz en el que la energía totalizadora de ese nuevo
lenguaje abandona la sustancia integral que el músico dispuso por instinto en
su momento de crear, y luego esa abortación está presente en los escenarios, en
la afinación, hasta en la imagen exterior del mensaje cuando por fin se hace
posible verlo.
Tengo
conciencia de que el público ve esta debilidad y no se libera: sufre.
Luego
esta ausencia de totalidad, esa parcialidad, es el negocio del Rock.
El
negocio del cual viven muchos a costa de los músicos, poetas, autores, y
hombres creativos en general.
O sea,
esta difamación de proyectos sólo adquiere relieve en esa “ganancia” que
representa haber ejecutado el negocio, y solamente en ese nivel hay una
aparente eficacia.
Es la
parcialidad de pretender que algo que es de todos termina en definidas cuentas
en manos de aquellos bastardos de siempre.
Este
mal, por último rebote, cae nuevamente en la nuca de los músicos, y los hace
pelota.
Luego de
participar del juego, son muy pocos los que aun permanecen con fuerzas para
impedir la trampa al repetir una y otra vez el juego mediante el cual
expresarse, o simplemente arriesgar en el precipicio de la deformación un
mensaje que por instintivo es puro y debería llegar al que lo recibe tal cual
nació.
Este
juego pareciera ser el único posible (hay mentalidades que nos fuerzan a que
sea así).
Lo
importante es que hay otros caminos.
Luego de
haber caído tantas veces antes de ejecutar esa caída final, parábola definitiva
en la que se cierran los cerebros para no amar ni dar, hay muy pocos músicos
que pueden seguir conservando ese instinto.
DENUNCIO
SIN EL LIMITE DE LA DENUNCIA
A LO QUE
NO RECIBE DENUNCIA
A LO QUE
LA DENUNCIA TRASPASA
A ALGO
PEOR QUE LA DENUNCIA.
Denuncio
a los representantes y productores en general, y los merodeadores de éstos sin
excepción, por indefinición ideológica y especulación comercial.
Ya que
estos no se diferencian de los patrones de empresa que resultan explotadores de
sus obreros.
O sea,
por ser los engranajes de un pensamiento de liberación a quienes no les
interesa que toda la pieza se mueva, dado que al producirse el más mínimo
movimiento, serían los primeros en auto reprimirse y dejarían por tanto de
participar en la cosa.
Denuncio
a ciertas agrupaciones musicales que se alimentan con esas mentalidades no
libres, a pesar de contar con el apoyo del público de mente libre.
Denuncio
a otros grupos musicales por repetitivos y parasitarios, por atentar contra la
música amplia y desprejuiciada, estableciendo mitos con imágenes calcadas de
otras músicas que son tan importantes como las que ellos no se atreven a crear
ni sentir.
Denuncio
a los tildadores de lo extranjerizante, porque reprimen la información
necesaria de músicas y actitudes creativas que se dan en otras partes del
planeta, y porque consideran que los músicos argentinos no pueden identificarse
con sentimientos hoy día universales.
Además
es de prever que si estos señores desconocen que la Argentina provee a su
música nuevos contenidos nativos, ellos mismos están minimizando la riqueza de
una creación local apenas florecida.
Denuncio
a otras mentalidades por elitistas y pronosticadoras del suceso de la muerte de
algo que por instintivo no puede morir antes de la vida misma.
Denuncio
a las editoriales “fachas” por distribuir información falsa en sí misma, y por
deformar la información verdadera para hacerla coincidir con las otras
mentalidades a las que denuncio.
Denuncio
a los participantes de toda forma de represión por represores y a la represión
en sí por atañer a la destrucción de la especie.
Denuncio
finalmente a mi yo enfermo por impedir que mi centro de energía esencial domine
este lenguaje al punto que provoque una total transformación en mí y en quien
se acerque a esto.
El rock,
música dura, cambia y se modifica, en un instinto de transformación.
Luis Alberto Spinetta , 1973.

