Futuro de Chile, Como en la adolescencia
Enero 2020. “Estamos
en el primer mes de la década, nos encontramos sumergidos en un estado de incertidumbre
colectiva. Tenemos casi nulas certezas del pronóstico de nuestro futuro como
nación y como seres vivientes de Chile”
Tengo
la sensación de que entramos, como sociedad en una nueva etapa, que si la asimilamos
a nuestra especie humana, estaríamos viviendo la etapa de nuestra adolescencia.
La adolescencia se caracteriza por
el crecimiento físico y desarrollo psicológico, y es la fase del desarrollo
humano situada entre la infancia y la edad adulta. Esta transición debe
considerarse un fenómeno biológico, cultural y social.
Acabamos
de terminar la infancia, en que el cuerpo crece con aquellas huellas que se
forjaron, con traumas, alegrías, fortalezas, debilidades, formas de hacer las
cosas, estilos de vida, miedos, creencias limitantes, paradigmas y esquemas
mentales, vislumbrando un carácter más o menos definido.
En
esta etapa es muy difícil saber en plenitud quiénes somos ni qué queremos hacer. Todavía no hemos desarrollado nuestras bases
emocionales profundas para manejar etapas futuras difíciles e inciertas. No
tenemos sólidamente estructuradas formas
de hacer las cosas, criterios para discernir ni decidir. Por delante se vislumbran
sueños, visiones de imágenes futuras, en
que todo es un proyecto. Hay que ponerle la primera piedra a todo. Lo vemos
casi todo cuesta arriba.
Bueno, como
nación, al parecer estamos en un estado similar al de la adolescencia humana, en
el que se acabó una etapa pasada, que dejó huellas profundas en las bases de
nuestra personalidad, en nuestro inconsciente colectivo, pero debemos comenzar
a tomar decisiones con autonomía siendo responsables de nuestros actos, bosquejando
nuestro futuro, pensando en definir qué queremos ser como país, cómo queremos
vivir en él, qué nos gustaría evitar pasar, cuáles son nuestros miedos y qué debemos
hacer para lograrlo. Debemos definir y planificar.
Estamos en
un momento muy delicado, en el que si no creamos un propósito colectivo
inspirador desde lo humano en que nos
sintamos miembros de algo más grande que
nos represente a todos, terminaremos en un rumbo nefasto, difícil de querer
volver a torcer.
En este período nos jugamos gran parte de nuestro futuro.
Sebastián Moya
Sanchez

